Las piernas del muñeco de nieve

El muñeco de nieve miraba hacia la casa con sus ojitos de castaña. Su boquita de avellanas sonreía dulcemente mientras la bufanda de papá acariciaba su carita con dulzura, al son del viento.

Todo el muñeco parecía brillar a la luz de la farola, como si estuviese hecho de cristalitos de azúcar.

Era el día antes de Navidad. Desde el otro lado de la ventana, Ale y su madre miraban al muñeco que habían terminado unas horas antes.
-¿Le ponemos piernas? -Dijo Ale.
-¿Piernas?
-Sí, para que pueda ir a ver el belén que han puesto en la plaza.
La madre sonrió ante la ocurrencia de la niña. Canturreando un villancico le dio un abrazo y le acompañó hasta la cama.
-Creo que los muñecos de nieve no necesitan piernas. Sabes que están hechos de bolas de nieve, ¿verdad? pues las bolas pueden rodar para moverse hasta donde quieran ir -la madre rió suavemente y le puso una manta-. Estoy segura de que, si nuestro muñeco quiere ver la plaza, podrá irse. Y no hace falta que le diga que tiene mi permiso, lo único…
-¿Pasa algo mamá?
-Bueno, la verdad es que solo puede moverse si es de noche. De día tiene que volver a su sitio bajo el árbol, porque con el sol podría derretirse.

Esa noche, la niña durmió intranquila. No eran solo los nervios por la Nochebuena… En sus sueños, el muñeco de nieve rodaba feliz por todo el pueblo, pero olvidaba volver antes del amanecer y se derretía en la puerta.

Al despertar corrió a la ventana con el corazón acelerado. Allí estaba el muñeco y no parecía que se hubiera movido nada.
Entre aliviada y decepcionada la niña corrió escaleras abajo para mirar si había venido Papá Noel con su regalo.

Antes de entrar al salón, sus pies descalzos tocaron agua. Miró al suelo y vio que junto a la puerta de la entrada había un pequeño charco.
-Mamá estará fuera -pensó.
Se puso zapatillas y abrigo. Abrió la puerta y al asomarse para buscarla, sobre el suelo mojado vio una de las figuras del Belén de la plaza: Una ovejita.

Levantó la vista y vio al muñeco de nieve sonriente aún y en el mismo sitio, pero esta vez ella notó que le guiñaba un ojo.


Os comparto el cuento que escribí para la iniciativa Cuéntame un cuento en Navidad.

Cada día durante diciembre y los primeros días de enero se compartieron en Instagram unos cuentos a modo de calendario de adviento, y todos se recopilaron en la cuenta:
@cuentameuncuentoennavidad

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