Mieditos personales: Las Semanas Santas que nos quedan.

Las semanas santas antes molaban. Y voy a dejar a parte las procesiones, las Pasiones Vivientes y las cervecitas con limón en el bar. Bueno, éso no, éso era la parte que más molaba.

No parábamos en casa.

Las vacaciones de Semana Santa tenían su punto viajero, como a mi me gusta. Un día lo pasábamos con una de mis cuñadas haciendo hornazos. Todo el día. Y nos invitaba a comer uno de los mejores cociditos madrileños que he comido en mi vida. Ahh, todo el día amasando, comiendo, amasando, comiendo, horneando… y luego salían unos hornazos deliciosos para toda la familia.

Otro día quedábamos con los amigos para hacer pestiños y pelotas. Ésa era una tarde de amasar, comer, jugar con la wii o la xbox (¡Caramba! ¡qué antigua soy!), amasar, freír, comer….

Otro día quedábamos con la familia para comer en el campo, otro con los amigos de nuevo en el campo, otra con los cuñados…

¡Ay caramba! ¡Qué nos pasábamos la semana comiendo!

Se nos terminan los días de vacaciones, pero la esencia, el miedito personal que tengo, es que todo éso lo hemos perdido. Ya no salimos a dar la vuelta a la plaza a la hora del vermut, porque hay que ahorrar, ni quedamos para ver la pasión porque nos agobia esperar una hora de pié guardando sitio para ver algo que sabemos de memoria. Tampoco quedamos para jugar y hacer postres típicos porque todo el mundo tiene ya hijos por tanto otras prioridades. Los sobrinos son mayores y se van con los amigos.

Y mejor no digo nada de las fabulosas quedadas con los abuelos y los tíos de mi infancia ¡Éso sí que eran fiestas!

Éste año siquiera tenemos plan de campo y barbacoa. O de tortilla y hornazo.

Vale que dan lluvias, pero ¿En qué nos estamos quedando? Ya no es en sí el quedar para comer, es perdernos los unos a los otros. ¿Ésta evolución es madurar?

Las Semanas Santas que nos quedan.

6 comentarios sobre “Mieditos personales: Las Semanas Santas que nos quedan.

  1. Yo pienso que si, que forma parte de nuestra evolución personal. Por supuesto, a veces las nostalgias se apoderan de nuestro pensamiento a través del recuerdo. Una manera bonita de verlo es tratar de iniciar nuevas tradiciones con nuestros hijos. No necesariamente tiene que ser lo mismo que hacíamos antes, pueden ser nuevos platos, nuevos juegos, nuevas iglesias. ¡La vida es esto! Una constante evolución.

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  2. Pues vaya que con esas pintas de las comidas, yo también las extrañaría. Concuerdo con preguntamama. Con hijos , tenemos una gran oportunidad de iniciar nuevas y hermosas tradiciones para que ellos, como tú, tengan en su memoria recuerdo hermosos para compartir

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